La vitamina D, el 25-hidroxi [25 (OH) D], es la principal forma de almacenamiento circulante de la vitamina D. Integra la exposición al sol, la ingesta y la conversión hepática, y suministra al riñón la producción de la hormona activa calcitriol. Una cantidad adecuada de 25 (OH) D favorece el equilibrio entre el calcio y el fosfato, la mineralización ósea y dental, el rendimiento muscular, la señalización vascular e insulínica, la modulación inmunológica y los aspectos de la reproducción y la cognición. Los valores bajos suelen reflejar una síntesis cutánea limitada, una ingesta o absorción bajas, un secuestro en el tejido adiposo o una alteración de la conversión del hígado y los riñones. La fisiología pasa a centrarse en la reducción de la absorción intestinal de calcio, el aumento compensatorio de la hormona paratiroidea y la resorción ósea, lo que provoca una mineralización deficiente (osteomalacia, raquitismo en los niños) y debilidad muscular proximal con caídas. Los adultos mayores y las personas de piel más oscura se ven más afectadas; durante el embarazo, la mineralización esquelética fetal puede verse limitada. Estar dentro del rango sugiere un sustrato adecuado para el calcitriol, una homeostasis estable del calcio y el fosfato, un tono paratiroideo normal, un recambio óseo y una función muscular eficientes y una señalización inmunológica innata y adaptativa equilibrada. Muchos grupos consideran que los valores de rango medio son suficientes; los valores superiores a los medios no aportan beneficios de manera consistente. Los valores altos suelen reflejar una administración excesiva de suplementos o, con menos frecuencia, una activación extrarrenal en la enfermedad granulomatosa o el linfoma. La fisiología favorece la hipercalcemia y la hipercalciuria, con sed, náuseas, debilidad, arritmias, cálculos renales y calcificación de los tejidos blandos. Los bebés y las personas embarazadas son más susceptibles a los efectos relacionados con el calcio. Notas: La estación, la latitud, la pigmentación de la piel, la edad, la adiposidad y las enfermedades agudas influyen en los niveles. Los estrógenos y el embarazo aumentan la proteína que se une a la vitamina D, lo que altera las concentraciones totales. Los anticonvulsivos, la rifampicina y los glucocorticoides aceleran el catabolismo. La enfermedad hepática o renal crónica reduce la conversión. Los métodos de ensayo varían; la LC‑MS/MS es la más específica y los intervalos de referencia de laboratorio son diferentes.