El mercurio en la sangre mide la exposición reciente a un metal pesado neurotóxico que atraviesa fácilmente las barreras hematoencefálica y placentaria. La mayor parte del mercurio que circula es el metilmercurio de los peces y los mamíferos marinos; las fracciones más pequeñas pueden reflejar fuentes elementales o inorgánicas. Dado que el mercurio actúa sobre las neuronas, los riñones y los sistemas cardiovascular e inmunitario, este análisis es importante para la salud del cerebro, el desarrollo infantil, el embarazo y el funcionamiento de los órganos a largo plazo. Los valores típicos de laboratorio se sitúan en valores muy bajos; los valores óptimos suelen situarse en valores bajos. Los niveles en sangre reflejan la exposición de las semanas anteriores, lo que permite obtener una instantánea útil de la carga corporal actual, especialmente en lo que respecta al metilmercurio. Cuando los valores son bajos o cercanos a cero, simplemente reflejan una exposición mínima. El mercurio no desempeña ninguna función fisiológica beneficiosa, por lo que los resultados bajos no provocan síntomas. En las mujeres que están embarazadas o que podrían quedar embarazadas y en los niños y adolescentes con cerebros en desarrollo, es especialmente recomendable tener niveles más bajos porque la vulnerabilidad a la neurotoxicidad es mayor. Los valores más altos indican una exposición significativa reciente. El sistema nervioso es el más sensible: las personas pueden sentir hormigueo en las manos o los pies, problemas de coordinación, constricción del campo visual, temblores, dolores de cabeza, irritabilidad o cambios en el sueño. Los niños pueden mostrar efectos en el aprendizaje o en el comportamiento, y la exposición fetal puede afectar el desarrollo neurológico. Los riñones pueden presentar lesiones tubulares debido a la presencia de proteínas en la orina, y las formas inorgánicas pueden provocar una desregulación inmunológica y erupciones cutáneas. Los niveles elevados también se han relacionado con un aumento de la presión arterial y un mayor riesgo cardiovascular. Panorama general: el mercurio en sangre relaciona la exposición ambiental con la integridad neurológica, la función renal y la salud cardíaca. Si se interpreta junto con el historial de exposición y, cuando es necesario, con el mercurio en la orina (para las formas inorgánicas o elementales), ayuda a medir el riesgo de efectos cognitivos, disfunción renal y resultados adversos en el embarazo y el desarrollo.